Gabriel Jiménez Emán, el swing versado

My beautiful picture

 

 

Desde la rítmica y el fraseo de las imágenes en Gabriel Jiménez Emán nace una poética netamente jazzística, en donde las ciudades, los amores, las noches, los instrumentos musicales, los pequeños objetos y todos los suspiros al caminar con los ojos cerrados por la calle, toman formas diversas en el instante en que son retratados por el escritor con la intención de decir todo lo que imagina y vive en un mundo propio que podemos ver construido en los versos de su poemario Materias de sombra.

Poética del jazz para la risa de las negras

El jazz existe en un espacio en tanto sea posible sentir la esencia de la negritud, el ritmo a contratiempo: La palabra debe ser escrita antes de la tormenta / no basta solamente con algo de luz… la improvisación –como forma de crear en el instante o un instante mismo– y la sensualidad del sonido con aires de blues, vengan de guitarras, saxofones, baterías, bongó o cuatro. Jiménez Emán es capaz de recrear los instantes ficticios que sueña e imagina, como si entregara su cuerpo a pintar un cuadro de las sombras que lo rodean.

En su poema Jazz, crea todo un espacio en movimiento que no es típico:

Ganar visibilidad en la sombra

cuando el deseo toma vuelo

apostándose a la barra nebulosa a escuchar como lo haría

un ángel desterrado

El jazz y su cintura escurridiza que éstas y otras manos

han intentado en vano

ceñir

Jazz de tiempos complejos, con otro tipo de swing, distinto al acostumbrado pero con la esencia de recrear el instante con los ojos cerrados.

José Felix Rivero diría: en él existe un poeta notable, un trovador venido de las regiones infernales del psiquismo decadente de un Mallarmé…”. Sin embargo, no negando la influencia del simbolismo en su poesía, insiste con la musicalidad de las cosas. Me parece más cercano ver a un músico de jazz ballads o latin jazz en sus escritos poéticos que a un trovador:

Las congas colgando

las notas de trompeta en la sedimentación de la sombra

del junio éste que restaura la delicia

y el hielo descorazonado que busca un cielo

la carta que desde un color ceniciento se convierte en desconcierto

 

Jiménez Emán escribe y seguramente piensa que interpreta su voz poética en una guitarra o improvisando con una trompeta al estilo Dizzy Gillespie. Lo interesante es que en un discurso tan puro ha dicho: Nada más musical que la risa de las negras. Y además evoca a nuestros Sones de negro y a su propio padre a través de esa poética musical:

Considerando los gritos costeros impregnados de tambor

y a mi infancia saliendo de ellos

y a mis manos hinchadas de tamunangue

en los diciembres de mi padre

recordando mis irrupciones en los bares apianados

de donde me sacaban hecho un guiñapo.

La insistencia por una ciudad poética

Solamente con el poema Calle de la Puñalada nos encontramos con la arquitectura poética de su mundo. Su personalidad es muy parecida a la de un noctámbulo de ojos cerrados, que arriesga su vida sabiendo que la muerte anda cerca, pero no viene a él. Él inventa un más allá sin conseguir la muerte: Estoy en la punta del infierno buscando un sitio donde caerme/ dónde sudar el alcohol de la noche/ dónde botar mi bilis morada/ dónde abrazar a una mujer cualquiera.

Juan Liscano señalaba que: “A él concurre la ciudad como lugar de ruinas, inmóvil, radicalmente ajeno; la nostalgia por otros mundos perdidos o desconocidos…” Pero parece que es la ciudad quien huye del escritor: …escapada de nunca llegar a poseerla/ Esa ciudad dormida cuando voy de día por una calle/ y tan despierta cuando mis párpados se cierran.

Lo cierto es que no vemos Materias de sombra sin la esencia de la ciudad como un sujeto histórico, que a la vez puede ser ficticio, pero que Gabriel siempre lo recuerda y lo ilustra en su poética, sin ciudad su poética no tendría el swing. De por sí una ciudad ya es poética.

Y se viene una ciudad…

Salvador Garmendia hablaría de los libros de Gabriel “como si fueran las habitaciones de un apartamento, repartidas entre ruidos de hijos, sones de ayer, repitiéndose en un tocadiscos y letras impresas”, pero él, a pesar de su ruido y emocionante música, de repente acude a la tristeza: mi reino está colgado en la soledad, y es como si abandonara el ritmo de las congas.

Es momento de que el jazz casado con la poesía, sean un matrimonio inédito que reivindique la alegría y en todo busquen salir victoriosos.

Que venga el jazz y la poesía como una avalancha, que se multiplique y nos haga reír, tomando planetas y a escritores de la mano como Gabriel Jiménez Emán, un poeta que tiene el swing de la ciudad. En Barquisimeto pronto lo haremos posible.

(Publicado en Ciudad Bqto  en la página 12: Planeta Bqto, 30-09-16)

gabriel

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